Rinconesenlared

miércoles, 14 de diciembre de 2016

MOMENTOS DE TEMPESTAD!!!


Después de una semana de ausencia, debido al puente "literario" que me tomé la semana pasada, vuelvo con ganas de sentarme y volver a divagar. Me estuve planteando el escribir o no, pero no os voy a mentir, me pudo la vagancia y tampoco mi nivel de inspiración anda en unos niveles muy óptimos. Quizás la secuenciación de la semana no haya sido muy acertada y el hecho de no haber cogido un ritmo de trabajo, ha facilitado que mi sillón me atrapara (y eso que no lo uso demasiado).

Debo reconocer que he tenido que ponerme algo de música de fondo para poder centrarme. He hecho varias pruebas: algo de temazos indies del momento (os recomiendo escuchar el canal Mistify o alexrainbirdMusic), pero necesitaba algo más calmado y un poco "cortavenas", decidiéndome por Kodaline. Respecto a la entrada de esta semana, que mejor que narrar el ambiente que percibo en estas semanas en mi propio "cole". Y hoy no voy a hablar de los alumnos, voy a centrarme en la figura del docente. Esos espectros (con todo mi cariño) que vagan últimamente por los pasillos del centro, con rostros aterradores, y que nos indican que las baterías a están próximas a su fin.

Cuando nos invaden las fechas finales de cada trimestre, todo cambia en torno a la figura de un profesor. Empiezan a aparecer las carreras para acabar los temarios y contenidos correspondientes, exámenes para todos, corrección de los miles de papeles que quedarán aparcados en una caja aleatoria días después (y eso que decimos que son importantes), preparación de festivales y actuaciones magistrales, revisión y firmas de los boletines (premios y castigos acechan a nuestros alumnos) y un sinfín de tareas que nos permite "disfrutar" de esta fase del curso. Cualquier docente que esté leyendo esto, seguro que le han venido a la cabeza miles de escenas cotidianas similares o muy parecidas a la llana descripción de antes.

Creo que nuestra profesión crea en nosotros un desgaste excesivo. Muchas personas se quedan en las vacaciones que tenemos (los que las tienen) y que nuestro horario es muy reducido. Y sus argumentos quedan ahí, simplemente en eso. Tampoco puedo defender que sea un trabajo excesivamente duro a nivel físico (aunque podemos preguntar a un profesor de Infantil), nada que ver en comparación con personas que cargan materiales, construyen, colocan estantes,... Pero este trabajo es cada día más complejo de afrontar. No solo porque arrastramos una hilera de tareas y responsabilidades que nos dejan secos sobre todo a nivel mental, sino también por todo lo que nos va acompañando: la presión social y mediática.

La opinión pública desconoce la cantidad de horas que invertimos en nuestras casas para preparar y organizar una sola clase o sesión, los materiales que creamos o adaptamos (Internet nos facilita mucho esto), los papeles que debemos cubrir para nuestro diario de aula o para los registros colegiales, las adaptaciones que debemos remarcar sobre esos alumnos que necesitan otro tipo de ayuda, la búsqueda de estrategias que me ayudarán (o no) ante tal grupo, persona o curso determinado, nuestro proceso formativo permanente en las metodologías (ahora que está tan de "moda"), la corrección de fichas o pruebas escritas,... Estos "deberes" son inapreciables para nuestros críticos, pero están ahí y los sacamos adelante a mayores de los horarios marcados para ello. También digo que no es por caridad y porque somos muy majos; tenemos unas obligaciones y debemos cumplirlas, aunque en ocasiones, el precio que pagamos es grande.

Otra situación que dificulta este estado es el manejo de los diferentes conjuntos humanos. Vivir diariamente con grupos tan amplios es complejo. Tratar de conectar con cada uno o intentar cubrir las diferentes necesidades que muestran o van surgiendo; ejercer de educador, de psicólogo, de terapeuta, de mediador, de figura familiar, de curandero, de motivador con veinticinco criaturas simultáneamente es tremendamente complicado (al menos para mí) e incluso agobiante (sobre todo si no funciona); agrupamientos que están aprendiendo a relacionarse, a superar los diferentes retos académicos, a resolver historias que van saliendo a la luz, a bloquear la violencia, a ajustar sus cambios hormonales y emocionales, a convivir con la vida paralela que tienen en sus realidades hogareñas,... Será de las pocas situaciones laborales donde haya que satisfacer a tantos "clientes" coetáneamente. ¡Pero qué reto tan apasionante por otro lado!

Para rematar, considero que no habrá empleo en el ámbito social tan cuestionado como el nuestro. En los últimos tiempos, salen continuamente noticias relacionadas con la Educación y nos ofrecen pautas de cómo hacer nuestro trabajo. En muchas ocasiones, son personas "preparadas" y "formadas" en una ciencia tan compleja como la pedagogía y la psicología, con una "amplia" trayectoria profesional docente y buscando el bienestar de "todos". Es cierto que debemos replantearnos urgentemente muchas de las acciones que planteamos, pero necesitamos que nuestro entorno sea analizado por auténticos profesionales y por un consenso docente. No por esto, debemos dejar de escuchar la opinión pública, tan necesaria para hacernos pensar y reconsiderar situaciones que no vemos desde dentro. Lo único que debe cambiar es el planteamiento: pasar de un ataque dialéctico a una cooperación que permita crear mejoras en el servicio que ofrecemos.

Tan solo pido que aprendamos a valorar y respetar a un colectivo que maneja lo más importante de una sociedad, el presente y su propio futuro, los chicos que actualmente están en las aulas. Considero necesario respetarlo, aunque también, a la par, que seamos exigentes con el mayor tesoro.

Con esta entrada me despido ya hasta el próximo año. ¡Nos vemos en el 2017!

jueves, 1 de diciembre de 2016

¿DISCIPLINA EN LAS AULAS?

¡¡¡Ufff como está el ambiente!!! Percibo que en las últimas semanas tenemos un clima de convivencia cargadito, así que como para aburrirse. Los chicos empiezan a estar cansados, saltan muchas chispas en las diferentes relaciones, se muestran irascibles, se aprietan los puños más de la cuenta, cualquier gesto o comentario molesta,... Parece algo catastrófico, pero no es muy diferente a los años anteriores por esta época (y eso que lo bueno está por llegar todavía).

En varios círculos del colegio, ya sea a nivel formal o informal, posiblemente con la intención de poder desahogarnos, hemos tratado este tema y muchas de nuestras conversaciones docentes se acercan a ésto. La mayoría de las conclusiones que hemos obtenido es que falta disciplina y que debemos tomar medidas. Y después de escuchar a muchos de mis sabios compañeros (me refiero en el sentido literal), les otorgo gran parte de razón.

La disciplina como tal ha estado siempre presente en las clases. ¿Quién de nosotros o de nuestros padres o abuelos no pueden contar anécdotas de su experiencia en la escuela? La regla de madera como "elemento educativo", "palmaditas" en los rostros, humillaciones públicas, los famosos capones, libros en las palmas de la mano y con la espalda recta,... y miles y miles de ejemplos bochornosos que hemos ido corrigiendo y censurando en nuestra profesión (todavía me acuerdo de varias escenas lamentables que presencié como alumno con aquellos "antieducadores").

Ciertamente, este concepto ha ido evolucionando (menos mal) y hemos pasado del "jarabe de palo" a un diálogo unidireccional y al aplicar una serie de consecuencias (aunque muchas veces queda solamente en la primera fase). Hoy en día, muchas de nuestras actuaciones se centran en una reprimenda y en alguna ocasión, alguna sanción posterior (algún recreo, ser apartado algunos minutos o salir un poco más tarde). Y pienso que solo con hablar y expresar no es suficiente. Esta afirmación conlleva a un debate interesante: Castigos ¿a favor?, ¿en contra?...

En primer lugar, considero que nuestros chicos necesitan conocer y aprender los efectos de cada una de las decisiones actitudinales y comportamentales que toman en su día a día. Si soy capaz de evidenciar una actitud buena hacia los demás, las consecuencias serán positivas: tener amigos, crear buenas relaciones, jugar con otros, crear confianza,... En cambio, si no cuido ese comportamiento frente a los otros (ya sean padres, amigos , compañeros o profesores), tendrán un efecto completamente diferente. Y nosotros, como educadores que somos, debemos reafirmar las que consideramos positivas, y corregir y reeducar aquellas que no le van a resultar beneficiosas para su propio desarrollo. Hasta ahí, no creo que haya muchas discrepancias.

En segundo lugar, valoro que hay ciertas conductas que deben ir acompañada de una consecuencia (aquí puede empezar la controversia) y como dice nuestro coordinador de convivencia, reparar aquellas contrarias a la norma.Por desgracia, en muchos de los casos, solo aprendemos a base de palos. Y para comprender, necesitamos llevarnos palos (podemos reflexionar en nuestra experiencia personal y de cómo hemos ido progresando o abriendo los ojos en muchas ocasiones). No es lo ideal, soy consciente, pero parece que es la forma más eficaz. A su vez, creo que deben ser acciones que despierten sensibilidad hacia los demás (trabajos sociales) y que nos ayude a ponernos en la situación del otro (trabajo de la empatía) cuando yo cometo una infracción.

En tercer lugar, me remito a un discurso que he repetido en varias ocasiones en las reuniones generales de familias: padres y profesores debemos ir de la mano. En caso contrario, la partida está perdida por parte de ambos. Como educadores que somos (los dos estamentos), buscamos lo mejor para cada chico y debemos acordar y acercar posturas para buscar la mejor decisión y que los hijos-alumnos vayan aprendiendo a desarrollar su competencia ciudadana hacia todos los estamentos con los que se relaciona. Quizás este último argumento es el que más nos cuesta. Es fácil tildarnos de enemigos, es complicado evitar los juicios o el miedo a ser juzgado o cuestionado en cada encuentro, es embarazoso el asumir los errores de nuestros hijos-alumnos o los propios,... pero nuestra fuerza está en las alianzas y sin esta coalición, perdemos gran parte de nuestro potencial educativo. Y si no hay acuerdos... no lograremos lo que perseguimos, que el chico/a aprenda y mejore (de esos se trata la educación).

Considero que nuestros alumnos deben convivir en un ambiente donde haya disciplina y que aprendan a convivir respetando a otros. No hablo de una disciplina militar (con todos mis respetos y sin menospreciar ese estilo), hablo de una forma de convivencia en el aula basada en el respeto hacia todo lo que me rodea, y con acciones que ayuden a comprender y asimilar ésto. De esta forma, creo que saldremos ganando todos. 

Para acabar, recomendaros la lectura del blog del Juez Calatayud (no es la primera vez), pero es que habla tan claro... http://www.granadablogs.com/juezcalatayud/ Me voy a descansar que ya se me ha acabado el repertorio de Coldplay. 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

LOS SUSPENSOS


El pasado domingo estuve viendo el programa de Salvados, de Jordi Évole. Hasta ahora, no he sido un fiel espectador y me apuntaba solamente a ver aquellos que reclamaban mi atención, momentos muy puntuales. Pero últimamente, me estoy enganchando a este tipo y al estilo que vende.

En esta ocasión, la retrasmisión se centraba en los alumnos y en la visión que tienen sobre su situación escolar y como es lógico, nada más ver las primeras promos, sabía que podría sacar algo interesante. Estuve "retuiteando" algunos de los titulares que iban apareciendo o aportando mi visión sobre los mismos temas. Hasta ahora, una situación muy cotidiana en mi rutina.

El momento clave ha sido esta mañana (parece que los astros se alinean y me iluminan justo el día que me siento a escribir) donde una profesora de mi centro, a la cual admiro mucho por su forma de transmitir y por su amplia trayectoria profesional, me ha parado unos segundos y me ha dicho: "el otro día vi la frase que has compartido y me ha hecho pensar... y mucho. Que sepas que sigo dándole vueltas". La frase a la que se refería es esta:

“Hay que redefinir el fracaso escolar. En cada alumno que fracasa, hay un adulto irresponsable” Gabriel  @jordievole

Este enunciado lo soltaba alegremente el director del centro que salía en el programa. Y como me decía mi compañera esta mañana, es una sentencia compleja, difícil de asimilar, pero que me remueve por dentro ya que considero, lleva una gran parte de razón.

El asunto de las calificaciones, los aprobados y los suspensos están a la orden del día en cualquier centro escolar (o al menos, en la gran mayoría). Muchas veces las "culpas" de los resultados recaen sobre los alumnos o sobre los propios profesores: que si lo he preparado mucho, que si me han puesto lo que ha querido el profesor de turno, que si no te has esforzado para aprobar, que vaya examen,... Pero, para empezar, creo que este planteamiento requiere hablar de responsabilidades, nunca de culpas.

Posiblemente, lo que voy a argumentar tendrá muchos detractores y puede abrirme hacia muchas críticas, pero cada día estoy más convencido que el profesor es un agente fundamental ante el éxito o el batacazo del alumno. Coincido que esa responsabilidad de la que hablaba, debe ser repartida entre tres pilares: el propio alumno, el centro-profesor y la propia familia, pero sin lugar a dudas, al menos para mí, somos los principales apoderados de los procesos de aprendizaje y los resultados de los chicos.

Indirectamente, cuando hay un alumno que saca buenos resultados, o una clase obtiene un alto número de calificaciones elevados, mentalmente nos ponemos medallas y destacamos nuestros méritos docentes. En cambio, esto cambia cuando tenemos que hablar de los resultados más bajos. Es fácil echar balones fuera: no estudian nada, no atienden, no se interesan por nada,... Frases que nos permiten relajarnos y estar tranquilos con nosotros mismos, pero... ¡TAMBIÉN SOMOS RESPONSABLES!

Como docentes, considero que somos los encargados de buscar la ruta adecuada de aprendizaje para cada alumno y que estudiando las diferentes posibilidades, cada alumno debería alcanzar una serie de logros y objetivos. Es cierto que es algo muy costoso y que es muy complicado viendo la cantidad de tareas a las que nos tenemos que enfrentar y el gran número de alumnos con los que hay que lidiar (pienso en profesores que trabajan en muchas clases a la vez), pero nosotros debemos adaptarnos a los chicos y no los chicos a nosotros, en cuanto a la forma de aprender se refiere.

De esta forma, acabaríamos (al menos, en una parte) con ciertas barreras que vamos generando en el aula:

-La autoestima: todas las personas tenemos mucho interés en sentirnos bien con nosotros mismos y en lograr los diferentes retos que nos pongan por delante. El hecho de ir superando metas, nos permitiría aumentar nuestra propia percepción, ya que nos veríamos capaces de ir alcanzando los desafíos que nos pon.
-El aprendizaje: no todos aprendemos ni somos de la misma forma, por lo que implicaría una comprensión mayor de las peculiaridades y particularidades de cada persona.
-La motivación: el hecho de sentirnos útiles, nos permite "abrir el apetito" hacia otras situaciones más complejas y plantarnos con ganas hacia otros contenidos.
-La relación profesor-alumno: el hecho de adaptarnos a los diferentes perfiles, implica el acercar posturas entre los dos niveles y mejorar la percepción de los chicos hacia nosotros.

Todo esto es muy complejo, es un desafío desorbitado, es algo utópico, muy descerebrado, imposible... pero "I have a dream" (M. Luther King)




jueves, 17 de noviembre de 2016

Y LLEGÓ VOLDEMORT!!!

¡Qué sensación más extraña tengo últimamente! Ya lo comentaba la semana pasada, pero hoy, me está costando mucho más de lo normal el sentarme a escribir. Espero que solo se deba al cansancio, porque es una situación un tanto incómoda. Con lo que disfruto de este momento... 

Hoy quisiera compartir dos situaciones. El primero se centra en un momento puntual de clase que vivimos esta mañana y el segundo, el tema principal de esta reflexión.

En primer lugar, algo que tiene que ver con la entrada que subí la semana anterior. Continuamos con el proyecto de "Cambiemos el mundo" (se está haciendo muy lento el hecho de trabajarlo solamente una hora a la semana) y hoy debían empezar a realizar carteles sobre los derechos humanos (esta semana estamos trabajando los derechos de la Infancia a nivel de centro). Una vez expuesto el trabajo inicial y las pautas que debían seguir, han vuelto a preguntar algo relacionado con el estilo: ¿puedo pegar fotos?, ¿puedo colocar...? y ahí he interrumpido rápidamente a un pobre chico. Les dije claramente, que una nueva norma debía surgir en nuestro trabajo: ¡somos libres para hace/deshacer, colocar, colorear,... todo lo que tengamos que presentar! A partir de ahora, les he "prohibido" (palabra muy fea que aparece fácilmente en una clase) que el profesor, es decir, yo, les vaya a decir cómo deben organizar sus trabajos. Ha llegado el momento de no ser partícipe de cuadricularlos a todos y de tener un espacio en el que ellos mismos vayan tomando esas decisiones. Me ha encantado ver sonrisas justo al decirlo (reconozco que en clase hay veces que me paso de teatrero). Si no lo planteara así, creo que me estaría convirtiendo en un auténtico hipócrita... 

La segunda idea que quiero compartir es el nuevo trabajo en el que me he comprometido. Creo que va a ser un proyecto muy especial y del que tengo muchas ganas de sentirme partícipe y colaborar lo máximo posible. La semana pasada os adelantaba que un tal "Señor Maligno" iba a cruzarse en mi camino y que estaba maquinando algo especial. Y la verdad, que el tío lo ha pensado tanto que ha tenido una idea muy brillante.

Señor Maligno es un alumno que estuvo en mi tutoría el año pasado y este año dio el salto de etapa (secundaria). Pensando bien en su apodo, creo que este nombre no le favorece. Ya que es un amante de Harry Potter, le quedará mejor el nombre de Voldemort (seguro que le gusta más). Describiría a este chico como un amante de los libros, con un gran sentido crítico y con unas ganas locas de aprender y profundizar en todo lo que se le pase por delante, cualidades poco habituales hoy en día entre el alumnado. Tengo la suerte de compartir varios espacios con él a pesar de estar en etapas diferentes (ventajas de un colegio que empieza en Infantil y acaba en Bachillerato), y sobre todo, en la asociación de tiempo libre que tiene el centro: MarCha (este nombre daría para treinta entradas).

Este verano coincidimos en un campamento que organizamos en Tui (lugar mágico de la provincia pontevedresa y limítrofe con Portugal) y allí, tras compartir varios diálogos y conversaciones en nuestros tiempos libres, apareció su primera propuesta: tenemos que hacer algo juntos, un blog donde los dos trabajemos a la par, codo con codo. En ese momento, me hizo tanta ilusión, que empezamos a desvariar y estuvimos pensando en formatos, contenidos, estilos,... Aparecieron los temas como el fútbol (pasión que tenemos en común), revivir unos rincones de clase pero en la red (lugar de expresión sobre lo que sucede en una clase) temas de actualidad,... pero no dimos con algo que nos ilusionara firmemente. Lo más sencillo que nos hubiera resultado hubiera sido el trabajar la opción del fútbol pero si llegamos a tirar por ese camino,... igual nos "matan" en nuestras casas (más en la mía que en la suya, por perder el tiempo con esa temática).

A lo largo de estos meses, cada vez que nos cruzábamos por los pasillos o coincidíamos en los intercambios de nuestras clases, me lo recordaba. Y lo que comenzó como "un amor de verano" (una promesa que suena maravillosa pero casi siempre queda en el olvido o que muere en las intenciones) se ha ido convirtiendo un argumento de peso para trabajar en lo académico. La semana pasada le pedí que enviara formalmente su idea y que le diera forma, que me lanzaba a acompañarlo en este proyecto novedoso.

Su idea es la siguiente: "tener un lugar común para reflexionar sobre las noticias que están asaltando el mundo. Me parece animado para los lectores y para nosotros poder poner dos puntos de vista diferentes como son el de un adulto y el de un niño. Temas que nos impacten personalmente o que nos puedan preocupar o interesar,..." No está nada mal el planteamiento que hace como punto de partida. Un poco de vértigo sí que siento, no os voy a engañar. Pero el poder fusionar el análisis de un alumno y de un profesor que intercambian posturas, visiones y experiencias... valoro que tiene un potencial tremendo. Estoy convencido que este cometido me ayudará más a mí que a él (a ver si consigue fracturar poco a poco el hermetismo que me caracteriza).

En los próximos días, compartiremos nuestro nuevo rincón digital para ver cómo se nos va dando esta experiencia tan innovadora (al menos, para mí). Tengo muchas expectativas sobre este nuevo proyecto y creo que me nos va a resultar muy beneficioso a los dos. Como diría en algunas de las reuniones que coordino: "lo vamos viendo"...





jueves, 10 de noviembre de 2016

¿PUEDO USAR COLORES?


Mira que estaba estancado y dándole vueltas a la cabeza sobre que detenerme a escribir hoy. Lo he tenido delante a lo largo de las dos primeras horas de clase de esta mañana y no he sido capaz de darme cuenta hasta que no me he puesto a apuntar mis tareas en mis típicos papeles y apuntes, donde voy anotando lo que tengo que hacer cada día. Nada más empezar a escribir y utilizar algún que otro color, he sido consciente sobre lo que quería analizar.

Hoy hemos seguido con el proyecto CTM (más adelante, desvelaré las siglas) y hemos estado haciendo un mapa mental, una técnica de trabajo que hoy en día está en auge, o al menos, eso nos comentan. Un tipo de preguntas que más me ha acompañado mientras estaba pasándome por las diferentes mesas ha sido algo parecido a esto: ¿de qué color pongo el enunciado?, ¿y esa respuesta?, ¿puedo utilizar colores para el título?, ¿puedo inclinar el cuaderno para que me entre mejor?... Quizás, son frases muy normales y no digan mucho pero realmente, valoro que esconden algo. Hace tiempo que me replanteo cómo enfocamos con los chicos los trabajos diarios en los diferentes documentos que van elaborando. También, las inseguridades que provocan nuestros métodos en algunos momentos y en su toma de decisiones.

Por un lado, pienso que no dejamos que los chicos se expresen libremente ante un folio. Constantemente, ordenamos que hagan las formas de una determinada manera, remarcamos los colores que deben estar presentes en los documentos (azul, negro y poco más), les decimos el lugar exacto donde tienen que colocar los rótulos correspondientes, incluso las propias hojas de trabajo son cuadriculadas (para bien y para mal). Encima, en algunas reuniones de profesores, discutimos si es más apropiado un color u otro, o que no haya ninguno siquiera, pasando por alto otros aspectos más importantes.

Me estoy convenciendo de que este planteamiento no es la fórmula ideal. Creo que es necesario que nuestros alumnos reciban algunas indicaciones y orientaciones sobre cómo diseñar un documento formal, cuales son las recomendaciones más plausibles, pero a la vez, también pienso que no es muy adecuado cercar todo su trabajo, que no les permitamos salir de esa idea que les vamos creando. Deberíamos dejarles crear, componer, probar diseños, expresar en los cuadernos aquello que pasa por esas  ingenuas y geniales cabezas, y que lo plasmen en sus propias producciones. ¿No será más entretenido abordar contenidos de lengua o matemáticas con un formato propio? Dotar de libertad el diseño de sus tareas, les ayudaría a sentirse más cómodos con esos trabajos tan rutinarios que deben sacar hacia adelante cada día. Y seguro que puede convertirse en un motivo más para potenciar sus responsabilidades, con un grado de motivación mayor. ¿Te imaginas una clase que elabore documentos como éstos aunque aborden una temática común? https://www.40defiebre.com/50-ejemplos-curriculums-originales/

Por otro lado, dejando ya el tema del diseño y el desarrollo de su creatividad (aunque solo me he referido a la creatividad artística), me replanteo la segunda cuestión que señalaba arriba: nuestros chicos se muestran muy inseguros ante la toma de decisiones. Constantemente, buscan en nuestras respuestas o mandatos, la sentencia que deben afrontar en cada momento y evitan tener que encararse a un reto, desde levantarse a tirar algo o dejar una chaqueta porque tienen calor. Les cuesta resolver estas situaciones cotidianas,y posiblemente, seamos los primeros responsables que les vamos cortando las alas. 

Pienso que debería ser un análisis más global y haciendo partícipes a las familias y el funcionamiento que tienen en casa, pero la escuela es un lugar excelente para aprender a tomar esas decisiones de una manera reglada. Realmente, en el día a día se busca eso, que vayan aprendiendo a decidir, pero me cuestiono si generamos espacios y rutinas que puedan provocar eso en ellos. Tenemos muchas dinámicas con un potencial enorme y que no utilizamos. Es más, gran parte de las decisiones que les afectan las tomamos por ellos, para que no "pierdan tiempo" o porque es más práctico y eficaz para nosotros. Si cambiáramos esto (al menos yo), podríamos conseguir logros significativos en su proceso educativo.

Para concluir, os adelanto que un alumno (vamos a llamarlo "Señor Maligno", con todo el cariño) está insistiéndome en sacar adelante algo diferente. En cuanto lo tengamos definido, os lo contaremos.